Nosotros no cruzamos la frontera, la frontera nos cruzó a nosotros.

La frontera de Melilla con Marruecos consiste en 12 km de vallas paralelas de 6 metros de altura con alambres de púas encima. Existen puestos alternados de vigilancia y caminos entre las vallas para el paso de vehículos de vigilancia. Cables bajo el suelo conectan una red de sensores electrónicos de ruido y movimiento. Está equipada con luces de alta intensidad y videocámaras de vigilancia, así como equipos de visión nocturna.

En 2005 se instalaron en la verja alambres con cuchillas que provocaban profundos cortes en las manos y piernas de quienes intentaban saltar. Tras las denuncias, fueron retiradas en 2007 y sustituidas por una sirga tridimensional. Pero en 2013, el Ministerio del Interior volvió a colocar cuchillas en los alambres de la parte alta de la verja a lo largo de un tercio de su recorrido.

Hace unos días, el Ministro de Interior Jorge Fernández Díaz, alegaba que la instalación de dichas cuchillas son solo de carácter disuasorio, que no son agresivas y que en ningún caso provocan heridas de gravedad, tan solo  heridas superficiales.

Me pregunto si realmente con toda la equipación que hemos visto que tenían ya las vallas era necesaria la reinstalación de esas cuchillas que a pesar de provocar graves lesiones para nada sirven como elemento disuasorio ya que normalmente aquel que fracasa en su intento por cruzar la valla vuelve al cabo de un par de días o incluso en el mismo, a intentar saltar de nuevo.

¿Habrá el Ministro de Interior sentido en sus propias carnes los cortes que provocan dichas cuchillas para hablar tan a la ligera? Sinceramente no creo que ni tan siquiera haya pensado en eso desde su cómodo despacho.

Como pudimos observar hace apenas dos meses con el desastre de Lampedusa, solo se ve lo mal que está el asunto cuando ocurre una tragedia. En Lampedusa murieron más de 200 personas de un total de 500. El gobierno decidió entonces otorgar a los fallecidos la nacionalidad italiana y estas, fueron enterradas allí. Sin embargo, el resto fue devuelto a su país de origen. ¿Para qué querrán esas personas, desde sus tumbas, la nacionalidad italiana? ¿Retirará el gobierno español las cuchillas cuando empiecen a morir personas allí?

Una de las cosas que más me molesta sobre este tema es el hecho de llamar a esas personas que cruzan ya sea en patera, en un doble fondo de un coche o saltando la valla,  ilegales. Para mí, ninguna persona es ilegal. La única diferencia es que si quién cruza tiene dinero es un extranjero, pero si por el contrario no tiene recursos y solo quiere salir de su país para mejorar su situación, para huir de una guerra, etc., es un inmigrante ilegal, un sin papeles y se le prohibe la entrada al país. Todos tenemos el derecho a la libre circulación por el planeta. Es ilegítimo prohibir esa libre circulación. ¿Por qué tenemos que estar, entonces, separados por vallas, por fronteras?  Las vallas solo muestran la actitud de discriminación y violencia que tenemos los que estamos al otro lado de  esta.

A todo aquel que esté en contra de esos inmigrantes solo les puedo proponer una cosa: poneos en el lugar de alguien que se esté planteando cruzar la frontera ya sea subsahariano, asiático, sudamericano… ¿qué creéis que los lleva a jugarse la vida? Exacto, la necesidad de mejorar, de buscar libertad… ¿estaremos acabando, entonces, con  algo tan básico y esencial como es la libertad?

Como dijo un tal Jean-Jacques Rousseau:

“El hombre ha nacido libre pero por todas partes se encuentra rodeado de cadenas”

 

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